Es el título de un programa de televisión... Uno que dan hace tiempo, y cada vez que puedo lo veo...
La primera vez fue casualidad, y me di cuenta que un primo mío trabajaba en él. Además de felicitarlo, lo seguí viendo, porque me sentí interpretada... Eso fue hace tiempo, y hoy que lo siguen dando no termina de sorprenderme.
Es que además de acercar el resto de Chile a aquellos que lo ven, me hace recordar cada vez por qué cuando me preguntan de donde soy, siempre digo Chillán... aún cuando esté en un lugar distinto de Santiago. A pesar de que he vivido mis últimos 8 años y medio en esta ciudad que parece que se come a la gente, e incluso que nací en ella, siento que no soy de acá... no hay caso...
Este fin de semana sentí lo que siento cuando veo el programa... me escapé a mis segundas tierras, allá donde hice mi vida universitaria y que también es "pueblo chico infierno grande"... El taco no me importó nada... cero, valía la pena salir de acá y ver la misma luna desde otra parte. Valía la pena ver a los niños jugar en la arena y abrigarse para salir a pasear... No podía ser mejor verlos reir y disfrutar en un escenario distinto, respirando aire de mar y por sobretodo limpio...
Yo por mientras, disfrutaba ese mar que siempre me deja sin palabras, disfruté el camino entre los cerros llenos de árboles, verdes completos, disfruté el mar con sus barcos saliendo o llegando al puerto... disfruté que nos encontráramos todos con alguien que conocemos desde siempre, tanto como caminar en la arena y el pisco sour junto a la playa en compañía de buenos amigos y familia...
Disfruté ser de allá... de lejos y del sur, porque definitivamente somos distintos al santiaguino puro, sin desmerecer por supuesto, pero crecimos distinto, las conversaciones entre nosotros así lo demuestran... Además, acá, entre tanta gente, no nos demoramos mucho en encontrarnos... porque somos muy parecidos... como los del programa, que te abren las puertas de la casa incondicionalmente, ponen un espacio en su mesa y te hacen un espacio en la familia... y finalmente, te despiden todos juntos esperando de verdad que algún día vuelvas... así funciona allá, así la mayor parte de las veces no funciona acá... Lo viví cuando estudié, lo vivo desde que trabajo, ¿cuántos te invitan a la primera a su casa a tomar once?, creo que pocos... quizás no conocían nuestro ritual de la once... ¿Cuántos apenas pueden te presentan a la familia?, pocos también... Debe ser que la vida acá se hace gran parte fuera de la casa... allá casi toda la vida transcurre en las casas...
Todo eso lo viví, lo recordé y lo conversé en tan sólo tres días, con amigos que casualmente conocí en Santiago, pero que son del sur igual que nosotros... y eso no es casual, eso es porque apenas pudieron y pudimos operamos como venimos seteados, abriendo las puertas de nuestra casa y familias, incondicionalmente...
Definitivamente, me encanta no ser de Santiago... aunque debo reconocer que como ciudad, a veces la defiendo.
Cuando los amigos que se quedaron en regiones se ponen lateros y nos hacen sentir que los que vivimos acá tenemos algún tipo de problema, le encuentro todo lo bueno. Porque sea como sea, tiene cosas buenas... y porque no me gusta que me pongan cara de "pobre de ti que tienes que vivir acá", si tan poco es tan así, sólo es que es muy diferente a lo que conocíamos... y por lo mismo tiene sus encantos.
No vamos a esperar que nos saluden en el metro, ni en el ascensor, que entiendan lo que de verdad es lluvia, que sepan que el sur de verdad es harto más lejos de Rancagua, que de verdad quedamos esperando cuando nos dicen que nos juntemos, que el cajón del maipo es seco...
No... no es necesario, al final de cuentas, los de regiones tenemos que reconocer que para algunas cosas, como la salud y las proyecciones laborales de los que emigramos, Santiago todavía es Chile...

No hay comentarios.:
Publicar un comentario