Día 5 (jue 2 de julio): luego de tomar un rico desayuno, los machos del hogar bajaron a instalar los pertrechos en el auto. Se demoraron bastante, por lo que, cuando bajamos, cual sería la sorpresa al ver que estaban empezando de nuevo!!! Parecía chiste, pero al menos se tomaron con humor las tallas que les tiramos al respecto... Dado que se nos vino encima la hora de almuerzo de los piojos chicos, al final mejor les dimos comida para que no se fueran mañositos (intuyen que salimos un poco tarde, verdad?).
Llegamos a tomar el ferry, y luego de esperar un poco (el itinerario no decía los horarios de salida... así que hasta dormimos siesta) por fin nos subimos a este tremendo barco, que me recordó el que nos llevó de Paris a Londres, muchos años atrás (no había túnel, obvio).
Con todas las comodidades habidas y por haber, lo mejor era admirar el paisaje. Debo decir que, guardando las proporciones, hubo momentos en que recordé el cruce a Corral. Será que en general la vegetación era medio parecida a la del sur de Chile?, puede ser, quién sabe...
Luego de una hora y media de viaje, desembarcamos en la isla de Victoria. Para nosotros no era menor conocerla, alguna vez pensamos en estudiar en Canadá, y Victoria era el principal objetivo. Bueno, eso no resultó ni se intentó finalmente, pero la vida nos tenía esta oportunidad de conocerla igual esperando.
Antes de llegar a la ciudad, me pasó algo divertido... había un cartel que decía "Sidney"... y se me vino a la memoria mi teoría del avión que no pudimos tomar y que según yo iba a sidney...australia... bueno, parece que iba ahí no más, un poquito más al norte de Vancouver... todos los días se aprende algo nuevo...
Luego de instalarnos en el hotel cuyo nombre jamás olvidaré (Super 8!), a conocer la ciudad se ha dicho!!!. Aunque ya era medio tarde, al menos pudimos dar paseos en el centro, el muelle y caminar por sus calles que le hacen harto honor al nombre, bastante "victorianas"
A mitad del paseo, el Juanjo incorporó una nueva palabra a su ya nutrido vocabulario en inglés, "stop". Lo más divertido es que lo aprendió tal como diden aprender los niños. Escuchó cuando a la Paz le gritaban stop para que dejara de correr, y más rápido que nadie, entendió altiro como se aplicaba... a esas alturas, ya sabíamos que dejándolo un par de meses, volvía hablando más que todos nosotros...
Nos costó encontrar donde comer... estábamos un poco desesperados ya de hambre, a punta de pancito y chocolates, eran ya las 7 de la tarde y empezábamos a ponermos mal genio en ese estado. Además, harto pub donde los niños no pueden entrar... esto del alcohol...
Finalmente, luego de quedar "guatita llena, corazón contento" (bolsillo no tanto, pero así funciona la cosa), terminamos el día rumbo a la Universidad de Victoria. Lejos de desilucionarnos, sólo confirmó lo que pensábamos. Si algún día pudiéramos estudiar fuera, lo más probable es que Victoría sería uno de nuestros objetivos. Otra vez voy a decir lo mismo, pero "guardando las proporciones", me sentí un poco en la U de Conce... todas las facultades cerca, harto pasto, harto edificio y bueno, una plaga de conejos que nos sirvió para que los niños corrieran y se entretuvieran unos minutos persiguiéndolos. Eso, como bien dice el Juanjo, no se ve todos los días...
Volvimos cansados al Super 8... había que reponer fuerzas porque se nos venía otro día de ferries y viaje, y dos noches sin hoteles...
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