Día 11 (mie 08 de julio): y vamos lloviendo... algo se ensañó con nosotros o que... yo que me jactaba de que siempre me tocaba tan buen tiempo donde se me ocurriera ir, esta vez tuve que tragarme mis palabras... y eso que se supone era verano! Dadas las circunstancias, a la Xime se le ocurrió la genial idea de que fuéramos a otro mercadito donde además de pasear y conocer bajo techo, el viaje era entretenido y podíamos almorzar. A los que les dijeron...
Cuando salimos no llovía nada, así que nos fuimos caminando rumbo a la estación desde donde salíamos al mercado. Aprovechamos la caminata para conocer una iglesia cerca del departamento, y preguntando preguntando, finalmente dimos con el "seabus" famoso. ¿El por qué del nombre? "osvio", era algo como un bus grande que cruzaba por el mar... y nos llevó raudamente al "Lonsdale Quay Market"....mmmm hay mejores.... al menos los dos anteriores, pero estuvo bien, tenía una linda vista del downtown de Vancouver, además que el viaje ya era novedoso. El almuerzo fue un fiasco si, para nosotros al menos. Los niños le achuntaron medio a medio con sus fideos uno y su comida china la otra... en nuestro caso, esos camarones que vimos en la entrada y nos tenía jurando que eran los mejores que íbamos a comer en nuestra vida no resultaron ser tal... al contrario, parece que no como camarones desde ese día... helados, picantes y chicos... plop!
Nos fuimos... aunque ahora llovía que se las pelaba, como en el sur y a la antigua... de arriba hacia abajo.
Cruzamos de vuelta en el mismo seabus, y llegamos a una estación realmente hermosa... por la cual por fin dimos con el famoso Gastown... nos moríamos por conocerlo, no tanto por cultura general, sino porque ya nos habían dicho que ahí vendían de todo para llevar de regalo... 11 días y todavía no teníamos ni un llavero de regalo para el familión que nos esperaba en chilito. Y como no sólo es para la familia, la lista se engrosaba cada vez que hacíamos pensar un poco a las neuronas... y eso que andaban lentas con el letargo propio de las vacaciones...
Así no más era, lleno de tiendas de souvenirs, unas mejores que las otras, también precios distintos en algunas, pero en general, si de ahí no salíamos con todo lo necesario, estábamos medios fritos... ojo que no son cualquier regalo... las variables de decisión son muchas, empezando por el bueno-bonito-barato, a lo que se agrega la usabilidad-novedad-imagen país-calidad... y otros, que varían según el destinatario del regalo.
Además de ser el barrio de los souvenirs, de verdad es lindo... parece que uno estuviera en Londres... en como Victoria, pero en pocas calles. A mi que además Londres me encantó por donde lo mirara, estaba en mi salsa, fotos iban fotos venían...
Por suerte andábamos de nuevo con el coche de la Paz, que aunque no es muy práctico para entrar a las tiendas, para las bolsas y la caminata que todavía nos faltaba fue un gran apoyo. No puedo decir que nos aburrimos de comprar, pero si había que seguir avanzando, así que para cerrar el circuito partimos rumbo a Chinatown. No nos llamaba mucho la atención a ninguno de los dos, pero hay cosas que "hay que". Eso nos significó pasar por el que al parecer sería "el" barrio malo de la ciudad... una calle llena de gente sin casa, pero peor aún, sin rumbo... por lo poco que alcanzamos a cachar, la droga es problema aquí y en la quebrada del ají. La diferencia, allá los tienen arrumbados en un sector determinado y les proveen lo que necesitan para seguir sobreviviendo en este mundo, aunque sea drogados... Parece que eso responde a alguna política de seguridad y salud, que si bien suena medio lógica, no resuelve el problema de fondo, pero al menos atenúa robos y violencia. No soy quien para cuestionar si está bien o mal, si es menos digno o no, al menos me queda la sensación que sea como sea, funciona mejor que por estos lados... está como para darle una segunda vuelta...
Ni cuenta nos dimos cuando ya estábamos listos para la foto con el portal que indica que llegaste al Chinatown... y seguimos rumbo al jardín botánico, que de verdad verdad, era lo único que nos interesaba ver de todo eso, y de mutuo acuerdo. Para variar nos encontramos con que había que pagar entrada... Después de llamadas varias, en que la Xime nos dijo que estábamos equivocadísimos y que ella nunca había pagado un peso, caminamos unos pasitos y nos dimos cuenta que en esta oportunidad, como muchas veces en la vida, hay dos versiones correctas... Efectivamente había un pedazo de jardín en que no se pagaba, pero era pequeño... para pasar a la otra parte que se veía muy bonita también, si había que pagar entrada. Chabela no más... ya eran como las 4 de la tarde, estábamos cansados y estaba que llovía y no llovía... seguimos caminado...Ahora el objetivo, final esta vez, era el Science World Center, una construcción bien llamativa a la distancia, medio parecida al Epcot Center...Era lejos... caminando claro... y por suerte la lluvia paró definitivamente, ya que allá nos quedamos por harto rato, mientras los niños jugaban y nosotros tratábamos de comunicarnos con nuestras mamás en Chile. Ese fue el primero de mis intentos fallidos de hablar con mi madre... antes no lo había intentado principalmente por los horarios, tanto la diferencia nuestra como los de ella en el trabajo, y para llamar tenía que ser a su casa.
Después de un rato de descanso, nos vinieron a buscar. Ahora, en auto, nos íbamos de paseo por unas playas y finalmente a English Bay, el sector donde después de caminar su resto, llegamos a la escultura que habíamos visto innumerables veces en llaveros, imanes, collares, fotos, etc. Era el Inukshuk, escultura que representa la imagen del hombre para los Inuit, nativos de Canadá y que han habitado tierras Canadienses desde antes que los exploradores Europeos llegaran a éstos territorios.
Después del minuto cultural, y de un amurramiento sin mucho resultado de la comadre, nos fuimos... con o sin ella... jaja. La verdad es que nosotros a esas alturas ya estábamos muertos... y los pies, ni decir, yo ya ni los sentía... llevábamos como 10 horas dando vueltas...
Para cerrar el día, nada mejor que un buen asado, aunque sea en el balcón, y un vinito de los nuestros... eso dió ánimos para irse a acostar habiendo ya guardado en la nueva adquisición familiar (un disco externo gigante...) las muchas fotos que teníamos ya en la cámara... No podía ser de otra forma, ya no nos quedaba ni espacio...Hubo un minuto, cuando llegamos, en que sin querer me encontré viendo a la Paz mientras se sacaba sus zapatos y sus calcetas... "shola", como dice ella... y me dió una mezcla entre alegría y nostalgia... uno se pierde cosas de ella con esta lejanía. Quizás para cuando la vea de nuevo ya sepa abrocharse los cordones... me la imagino igual de concentrada poniendo sus deditos para que no se desarme el nudo, quien sabe... y quizás dónde...
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